Erina fue una poeta griega del s. IV a. C. de cuya obra más famosa se conservan 26 versos legibles, de un total de 54, correspondientes a diferentes partes del poema. Originalmente, este poema llamado La Rueca tuvo 300 versos. Se trata de un lamento por la muerte de su amiga Baucis y una evocación de la niñez perdida y pasada con ella. Nació en la isla de Telos, la actual Tilos, en Grecia, cerca de Cos, donde parece que estudió. Fue muy admirada en su época y alabada por otros poetas posteriores por la madurez de su escritura a pesar de su corta edad, pues parece que escribió este poema con 15 años.
La actividad sobre un fragmento de La Rueca consta de varias partes:
1- Identifica en el texto aquellas palabras o expresiones vinculadas a la infancia y por tanto a la diosa Ártemis y aquellas vinculadas al paso de la mujer adulta casada y a la diosa Afrodita.
2- A partir de esa selección, confecciona una tabla con las figuras de ambas diosas, sus atributos y los ámbitos de poder que hayas extraído de la lectura.
3- Elige a qué grupo quieres pertenecer, team Afrodita o team Ártemis, y junto con tus compañeros de grupo preparad un baile de TIKTOK con las características de esa diosa.
Fragmento de La Rueca
… De los blancos caballos a las olas profundas
te abalanzabas tú con pies enloquecidos,
mas yo decía en alto:” ¡ya te tengo, mi amiga!”.
Y, cuando eras tortuga, corrías dando saltos
a través del recinto del gran patio.
Esto es lo que yo lloro, desventurada Baucis,
con profundo pesar: estos vestigios tuyos
en mi corazón yacen aún ardientes, muchacha.
Cenizas son ahora nuestros gozos de entonces.
De niñas, en los cuartos, junto a nuestras muñecas,
jugando a ser las novias y libres de cuidados.
Y, al despuntar el alba, la madre, que entregaba
la lana a las sirvientas tejedoras,
venía, y te llamaba para salar la carne.
¡Ay, de pequeñas cuánto miedo nos daba Mormo,
la de grandes orejas, que andaba a cuatro patas
y mudaba de una cara a otra!
Pero cuando marchaste hacia el lecho de un hombre,
mi Baucis, olvidaste cuanto habías oído
de tu madre en la infancia, que Afrodita
el olvido metió en tu corazón.
Y yo que te lamento no asisto a tus exequias:
no tengo pies profanos para dejar la casa,
no conviene a mis ojos contemplar un cadáver
y no puedo llorar con los cabellos libres.
Sin embargo, me araña un rubor de vergüenza…
Trad. de Juan Manuel Macías, “Erina y su rueca”, en Las diosas y las nubes, (consultado el 23/05/2021)
<https://diosas-nubes.blogspot.com/2008/06/erina-y-su-rueca.html>