En tiempos de Hildegarda (una polímata del s. XII que abordó el ámbito científico, artístico, cultural y religioso), era habitual el consumo de cerveza en lugar de agua, ya que, al estar hervida, el líquido no estaba contaminado y no se transmitían tantas enfermedades, algo que sí sucedía si se bebía agua insalubre de los ríos o arroyos.
Hildegarda comprendió pronto la relación entre las enfermedades sufridas por la población y la ingesta de agua insalubre o almacenada en malas condiciones. Por ello, comenzó a estudiar el uso del lúpulo en el proceso de elaboración de la cerveza. Esta planta, posee propiedades bactericidas. De este modo, añadiendo lúpulo, se conseguía mantener en buen estado la cerveza evitando la proliferación de microorganismos que la agriaban; conservándola en buen estado, incluso en los meses más calurosos. El lúpulo otorga a la bebida su característico aroma y sabor.

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Las sustancias que evitan la proliferación de microorganismos en los alimentos se denominan conservantes. En la actualidad, además de conservantes, se utilizan muchas otras sustancias químicas en la elaboración de alimentos con objeto de facilitar su fabricación, mejorar su aspecto o textura, aumentar o mejorar su sabor e, incluso, compensar la escasez de algunos ingredientes. La mayor parte de ellos no son perjudiciales para la salud, pero algunos pueden no ser tan inocuos como pudiera pensarse.
La autoridad europea en seguridad alimentaria (EFSA) establece unas dosis de aditivos cuya ingesta no debe ser superada, si queremos estar seguros de que nuestra salud no corre riesgos. En la actualidad, la EFSA está reevaluando los aditivos alimentarios para confirmar su verdadera inocuidad y qué cantidades se usan realmente en los alimentos. Muchos tienen nombres que empiezan por letras seguidas de un número. Dichos nombres sirven para clasificarlos en grupos, según la función que desempeñan. Por ejemplo, los antioxidantes tienen nombres que empiezan por E y un 3 seguido de otras cifras (E-3XXX).
1. Selecciona entre 5 y 10 productos de los que habitualmente consumes en tu casa. Entre ellos, debe haber, al menos, un lácteo (yogurt, queso de untar...), un refresco, pan de molde, algún producto de bollería, salsas (mayonesa, kétchup,...), algún embutido (salchichas Frankfurt, jamón york, mortadela…), mermeladas, algo precocinado (pizza, ….), algún producto light y algunas “chucherías”.
2. Fíjate en la etiqueta de esos productos y rellena la tabla siguiente (añade celdas si lo necesitas) con todos los aditivos que has anotado. Indica de qué tipo de aditivo se trata, (por ejemplo, ácido cítrico o E-405), para qué se usa (si es un conservante, colorante, antioxidante, gelificante, etc.) y sus posibles efectos sobre la salud.
Para realizar la actividad, puedes consultar las siguientes páginas web/enlaces:
Guía interactiva de aditivos alimentarios: https://e-aditivos.com
Listado de aditivos alimentarios: https://www.aditivos-alimentarios.com
Hay bastante información expuesta de forma útil y sencilla y hasta una calculadora de aditivos en la que puedes introducir el nombre del aditivo y aparecen los efectos sobre la salud, para qué se usa, etc.…
3. Redacta un pequeño informe sobre tus conclusiones después de realizar la actividad
Para realizar la actividad, puedes consultar las siguientes páginas web/enlaces: