Lee detenidamente los siguientes fragmentos extraídos de Admiración de las obras de Dios (c. 1450-1460), de Teresa de Cartagena, en que responde a quienes “se maravillaron” (se sorprendieron) de que una mujer, una monja, enferma y sorda, y de origen judeoconverso, pudiera haber escrito un tratado espiritual (Arboleda de los enfermos) con la “auctoritas” de los varones letrados que poseían conocimientos sobre las Sagradas Escrituras y los comentarios patrísticos.
La argumentación de Teresa aparece aquí resumida en tres partes: A), B) y C). En el extracto A, la monja clarisa expone el prejuicio de quienes piensan que ella (una mujer) no es capaz de escribir un tratado espiritual y defiende su autoría; en el B, refuta este prejuicio con un razonamiento de analogía con la figura de Judit y, en el fragmento C, concluye haberlo escrito de su propia mano gracias a Dios única fuente de sabiduría, que otorga sus dones por igual a hombres y mujeres.
A continuación, trata de responder a las preguntas que se proponen:
A) “Muchas veces me es hecho entender, virtuosa señora, que algunos de los prudentes varones e así mismo hembras discretas se maravilla o han maravillado de un tratado que, la gracia divina administrando mi flaco mujeril entendimiento, mi mano escribió. [...] pero si su maravillar es cierto, bien parece que mi denuesto no es dudoso, ca manifiesto no se hace esta admiración por meritoria escritura, mas por defecto de la autora o componedora de ella. [...] E diga quien quisiere que esta ya dicha admiración es loor, que a mi denuesto me parece.” (p. 113) [...] Así que tomando al propósito creo yo, virtuosa señora, que la causa porque los varones se maravillan que mujer haya hecho tractado es por no ser acostumbrado en el estado femíneo, mas solamente en el varonil. Ca los varones hacer libros e aprender Ciencias e usar de ellas, tiénenlo así en uso de antiguo tiempo que parece ser habido por natural curso e por esto ninguno se maravilla”. (p. 115)
B)“Pues, ¿qué deuda tan excusada es dudar que la mujer entienda algún bien e sepa hacer tratados o alguna otra obra loable e buena, aunque no sea acostumbrado en el estado femíneo? [...] Pues habido por natural e cierta cosa que la mujer es flaca e temerosa e de pequeño corazón, quien la viese agora usar del espada o defender su patria de los enemigos, o hacer otra obra de gran osadía e vigor, ¡cómo nos maravillaríamos de aquesta cosa! Pero esta maravilla hízola en algún tiempo e puédela hacer en este nuestro e cuando le pluguiere Aquel que solo es el que hizo e hace las maravillas.
Decidme, virtuosa señora, ¿cuál varón de tan fuerte e valiente persona ni tan esforzado de corazón se pudiera hallar en el tiempo pasado, ni creo que en este que nuestro llamamos, que osara llevar armas contra tan grande e fuerte príncipe como fue Holofernes, cuyo ejército cubría toda la haz e término de la tierra, e no hubo pavor de lo hacer una mujer? E bien sé que a esto dirán los varones que fue por especial gracia [e] industria que Dios quiso dar a la prudente Judit. E yo así lo digo, pero según esto, bien parece que la industria e gracia soberana exceden a las fuerzas naturales e varoniles, pues aquello que gran ejército de hombres armados no pudieron hacer, e hízolo la industria e gracia de una sola mujer. E la industria e gracia, ¿quién las ha por pequeñas preminencias sino quien no sabe qué cosas son? [...] Que manifiesto es que más a mano viene a la hembra ser elocuente que no ser fuerte, e más honesto la es ser entendida que osada, e más ligera cosa le será usar de la péñola que del espada. Así que deben notar los prudentes varones que Aquel que dio industria e gracia a Judit para hacer un tan maravilloso e famoso acto, bien puede dar industria o entendimiento e gracia a otra cualquier hembra para hacer o que a otras mujeres, o por ventura algunos del estado varonil no sabrían.” (pp. 119, 120).

Judit decapitando a Holofernes
Artemisia Gentileschi (1613)
Galería de los Uffizi (Florencia)
C) “[...] Pero lo que digo e quiero decir es esto: que la ciencia e sabiduría que Dios enseña e enseñará a cualquier varón o hembra que con amor e reverencia e humildad viniere a su escuela, es tal e de tal calidad, como su incomprensible e perfecto saber sabe qué a la salud de cada uno le conviene, ca Dios es perfecta Caridad. [...] E como esta buena sabiduría es muy saludable e provechosa, no la negará Dios a cualquier persona que menester la haya. E pues el tratado que yo hice, ya saben los prudentes varones que le han visto que no trata de filosofía ni de teología, ni de ninguna ciencia natural, sino solamente desta ya dicha devota e saludable sabiduría, la cual es saber conocer e reducir a la memoria los beneficios de Dios e saber conocer e escudriñar e buscar en estos públicos males las escondidas misericordias del Señor.” (p. 126, p. 128, p. 129)
Cito los fragmentos, con actualización de la ortografía, a partir de la edición de Lewis Joseph Hutton (ed.) (1967). Teresa de Cartagena: Arboleda de enfermos. Admiraçión operum Dey. Madrid: Real Academia Española. Anejos del Boletín de la Real Academia Española XVI. Estudio preliminar y edición de Lewis Joseph Hutton (Disponible en línea: https://www.bieses.net/teresa-de-cartagena-arboleda-de-los-enfermos/ ) (11-1-2022)
PREGUNTAS:
Apartado A:
- ¿Con qué expresiones la autora se refiere a sí misma? ¿Qué actitud revela?
- Fíjate en las palabras con las que Teresa de Cartagena defiende la autoría de su tratado y escríbelas en tu cuaderno.
- ¿Cuál es la razón por la que los “prudentes varones” y “hembras discretas” dicen maravillarse de que ella sea la autora? ¿Qué opina de esto Teresa de Cartagena? ¿Qué significa la palabra “denuesto”?
Apartado B
- En este fragmento, Teresa de Cartagena responde con un argumento de analogía. ¿Qué sabes sobre el personaje de Judit? Recoge información sobre esta figura bíblica. Explica su argumento brevemente a modo de resumen del fragmento B.
- ¿Quién ha pintado el cuadro que ilustra el texto? Escribe el nombre de esta pintora del barroco italiano e investiga sobre ella y busca otras representaciones artísticas del personaje, como la de Botticelli, en que aparece con una gran espada en la mano.
- Judit usó la espada, pero ¿qué oficio defiende Teresa de Cartagena como preferible para las mujeres? Anota las palabras con las que nuestra autora defiende el oficio de escribir para las féminas.
Apartado C
- ¿De qué trata, en definitiva, su tratado? ¿Cómo es que, finalmente, ella y solo ella fue capaz de escribirlo?