1. Introducción 
Ellen Richards fue la primera mujer en entrar en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y se la considera la precursora de la Ingeniería medioambiental. A Ellen le preocupaba mucho la calidad del aire de las casas, del agua para el consumo humano y, en general, de las sustancias que podían influir en la salud de los seres humanos. 
En esta práctica vamos a valorar si los jabones que usamos a diario pueden producir algún efecto no deseable en nosotros o en el medio ambiente. 
La piel es el órgano más extenso de todo nuestro organismo, y tiene funciones tan importantes como ser la primera barrera defensiva contra la entrada de microorganismos. Por eso, debemos cuidar el tipo de productos que a diario utilizamos para nuestra higiene personal. Del mismo modo, hay que recordar que todas las aguas residuales y las diferentes sustancias químicas que usamos en nuestras casas acaban de uno u otro modo en el mar. 
Habrás visto muchos anuncios en televisión proclamando las virtudes de distintos tipos de geles y jabones de la piel y del cabello. Algunos, hacen referencia al pH de estos y generalmente nos dicen que todos ellos son neutros, por lo que nuestra piel está a salvo si los utilizamos a diario.  

2. Objetivos y valoración 
Muchas sustancias se comportan en disolución acuosa como un ácido o como una base. En el primer caso, liberan al medio H+, es decir protones, como por ejemplo sucede con la siguiente reacción: 
 
Cl H      →      Cl-    +     H+ 
 
En el caso de las bases, cuando las ponemos en contacto con el agua, se disocian, pero en este caso para generar OH-. Por ejemplo: 
 
NaOH    →     Na+    +     OH- 
 
Los valores de pH de los jabones nos indican si el producto en cuestión ataca o no nuestra piel.  
La epidermis está cubierta por una capa de agua y grasa que protege el cuerpo de bacterias y hongos. Esta capa está formada por grasa, sudor y dióxido de carbono de la piel. Además, también hay en ella una serie de microorganismos simbiontes, cuyo número se incrementa cuando nos bañamos. Todos estos componentes determinan el valor del pH de nuestra piel, que es ligeramente ácido, entre 5 y 5,5. Los detergentes alcalinos atacan esta capa y la destruyen. 
Después de usar durante cierto tiempo jabones alcalinos, la piel no puede regenerarse. Esto sucede con algunas pastillas de jabón, que suelen ser ligeramente alcalinas, y resecan mucho la piel. 
Muchas veces para evitar este efecto no deseado, los fabricantes de jabones añaden sustancias como lanolina o lecitina, que sustituyen a la grasa que se pierde por la acción del jabón. Los jabones de piedra son especialmente perjudiciales para las manos, ya que tienen un pH muy elevado. En cambio, los jabones “neutros”, cuyo valor de pH es de 7, reaccionan de manera neutra y son más tolerables. Los jabones con una reacción ligeramente ácida son mayoritariamente jabones sintéticos, pero tienen un efecto limpiador similar a los demás. 
Finalmente, no debes olvidar que todos los productos que usamos para lavarnos se deslizan por los desagües hasta las alcantarillas. En su camino, las aguas residuales acaban en los ríos y por último en los océanos. Las aguas de ríos suelen tener un pH entre 6,5 y 8,5 y los océanos tienen valores de pH de entre 7,4 y 8,4. 
 
3. Material 
  -Tubos de ensayo (dos por cada muestra de jabón) 
  -Gradilla 
  -Pipetas  
  -Papel de filtro 
  -Embudos 
  -Agua destilada 
  -Solución indicadora de ph o tiras medidoras de ph. 
  -Escala de colores 
  -Muestras de jabón  
 
4. Procedimiento 
1. Rotula los tubos de ensayo adecuadamente con cada una de las muestras de jabón. 
2. Introduce unas virutas de jabón (rascadas con una espátula), o dos gotas de jabón líquido, champú…, en un tubo de ensayo.  
3. Añade 10 cc de agua destilada. Cierra el tubo con un tapón y agita hasta que el jabón se haya disuelto (puedes no taparlo y diluirlo agitando cuidadosamente para que no se derrame el contenido).
4.  Coloca un embudo con un filtro en otro tubo de ensayo y vierte la disolución jabonosa (será suficiente cuando el filtrado alcance unos dos cm. de altura).
5. Añade cuatro gotas de solución indicador de pH. Inclina el tubo y mide en la escala de color. Anota el valor que has obtenido (también se puede medir el pH introduciendo tiras indicadoras de pH en los tubos de ensayo). 
 
5. Cuestiones 
1. Realiza una tabla con las marcas de jabón y el pH obtenido. 
2. ¿Cuál es, según lo anterior, el jabón más adecuado para el cuidado de la piel? 
3. ¿Coincide la información recogida en los anuncios publicitarios del producto con los resultados que tú has obtenido? Razona la respuesta. 
4. ¿Qué conclusiones puedes sacar con respecto a la publicidad y las características de los productos que consumimos? 
5. ¿Coincide el pH de las disoluciones de jabón con el pH de ríos y mares?  
6. Teniendo en cuenta los resultados obtenidos, investiga: ¿Qué consecuencias puede tener para los ecosistemas acuáticos el uso de jabones?