Lee detenidamente este capítulo de Al sur del recuerdo de Concha Lagos y después responde a las distintas preguntas sobre el texto que aparecen a continuación:

Por la vía del tren corría vacilante un viejecillo, perseguido por una turba de mozalbetes, que le arrojaban piedras gritándole a coro:

⎯ ¡Vasija, borracho! ¡Vasija, borracho!

El pobre hombre, que buscaba inútilmente dónde refugiarse, terminó al fin arrojándose al suelo y tapándose la cabeza con las dos manos.

Pedro el aguador, que venía con su carretilla llena de cántaras, se detuvo para apostrofarlos:

⎯¿No os da vergüenza, tan grandullones y arremetiendo contra este desgraciao?

⎯Es que está borracho⎯dijo uno de los mozalbetes.

⎯Y a vosotros, ¿qué os importa? Sus motivos tendrá. A este hombre  ⎯añadió⎯ le conocí yo cuando aún era persona de bien y sin vicio. ¿No sabéis que fue mozo de estoques del mejor torero del mundo? Desde que el toro mató al maestro quedó desconsolao, sin querer saber ya nunca más de los ruedos. En colmaos y tabernas fue gastándose los ahorros, hasta venir a parar en esto.

Los mozos guardaban silencio mirando entristecidos al borracho, que lloraba con un hipo angustioso.

⎯Ya veis: no se le puede ni mentar al ídolo.

Luego, calmoso, lio un cigarro, encendió la yesca con el pedernal, y después de prenderlo y darle unas largas chupadas, arrepentido sin duda de haberlos entristecido, añadió:

⎯Pues en la Venta tuvo la otra tarde una salida muy ocurrente: estaba allí, copeando, el Veneno, ese gitano matón y esaborío que ha pasao ya buenas temporadas a la sombra por ensartar a más de uno con la navaja. El Vasija, que estaba muy borracho, comenzó a meterse con él; un poco extrañado el gitano de que alguien se atreviera a provocarlo, le preguntó: “Pero... ¿tú sabes quién soy yo?”. Entonces, alzando su vaso y dando traspiés, Vasija se le plantó delante para canturrearle con un tonillo muy guasón:

 

Tú eres una cosa,

ay sí,

que el que la prueba se muere,

ay sí,

que el que la prueba se muere...

Los mozalbetes rieron la ocurrencia y se dispersaron pacíficamente. El tío Pedro sacó con disimulo una peseta de su faja y la dejó, como al descuido, junto al borracho; luego se escupió en las palmas de las manos, las frotó cuidadoso y volvió a empuñar la carretilla, reanudando la marcha y metiéndose, picaresco, con las mozas que se le cruzaban en el camino.

⎯Adiós, morena, ¿quieres un chorrito? No hay agua como la de mis cántaras.

⎯Fuensantica, cuando quieras te doy una buena corredura en la carretilla.

⎯¡Sinvergüenza, viejo verde!⎯le gritaba una.

⎯Se lo voy a decir a mi novio, para que te zurre la badana⎯añadía otra.

Pero él reía, zumbón, y seguía adelante.

Concha Lagos (1955). Al sur del recuerdo. Madrid, pp. 59-61.

 

IMPRESIÓN DE LECTURA.

LÉXICO. Uso del diccionario.

    3.   PREFIJOS Y SUFIJOS.

   4.   APODOS Y SEUDÓNIMOS. USO DE MAYÚSCULAS.

   5.   DIVERSIDAD LINGÜÍSTICA.