Mercedes Formica narra el juicio de Aurelia, acusada falsamente de adulterio, y las consecuencias para ella. Tras los nefastos resultados, la historia se cierra con el feliz encuentro de su marido Julián con su amante. Lee el texto y contesta a las preguntas. 

 

-Le ruego no me interrumpa. Ya llegará su momento. Limítese a contestar si estuvo en casa de un tal Ignacio Maldonado.

-Mi marido me dijo que fuera.

-Conteste, simplemente, si, o no.

-Sí

-Estuvieron solos?

- Esperaba a Julián y…

-Conteste sí, o no.

Los ojos de Aurelia vacilaron.

Aquel hombre de aspecto bondadoso, quizás preparaba la trampa que le perdería.

Se irguió en el deseo irresistible de seguir respirando. El corazón golpeaba, a golpes ciegos.

-Tranquila. Sólo quiero que me diga si usted y el señor Maldonado se encontraban en el dormitorio de este último, la tarde de -consultó el libro precisó la fecha y al comprobar que Aurelia aguardaba silencio, inquirió- ¿Se niega a responder a las preguntas?

Aurelia captaba el movimiento de sus labios, llena la mente del lacerante deseo de conocer las razones que inspiraban la conducta de Julián.

Con tesón de hombre minucioso el funcionario insistió.

-Responda. ¿Había una cama en el cuarto? ¿Una cama deshecha? Todo se desarrollaba tal como Fuensanta había previsto.

-Los testigos han declarado que había bebidas en el dormitorio y que su blusa, estaba desabrochada. Bebieron, ¿verdad?, y luego yacieron juntos, consumando el adulterio. Cuando golpearon la puerta, se vistieron precipitadamente.

El despacho del juzgado, con sus legajos polvorientos, el escribiente mal trajeado, y aquel olor repugnante a materia seca, quedaba en segundo término. Aurelia era consciente que su marido, el hombre que amó, se disponía a perderla.

-¿No quiere contestar? Haga lo que guste. Su negativa servirá de poco. Son suficientes el acta notarial y las declaraciones de los testigos.

Los sollozos de Aurelia aumentaron. El recuerdo de Gregorio apenas lo soportaba.

-Firme aquí

-¿Qué será de mi hijo?

-Cuando haya firmado lo sabrá.

Miró su propia mano detenida sobre la cuartilla.

-No firmaré.

-Ya dije que bastaba con los testimonios oculares.

Una semana más tarde le notificaron la sentencia.

Se consideraba probado el adulterio, tipificado como delito en el artículo del Código Penal y se la condenaba a diez años de prisión que cumpliría en el lugar que su marido indicase -cárcel, o convento de arrepentida- por tratarse de un delito perseguido a “Instancia de parte”.

[…]

Aquella tarde, Bárbara [la amante del marido de Aurelia] llegó a la ciudad.

En el hotel, a solas con su amante, preguntó.

-¿Y no hay riesgo para nosotros? Al fin y al cabo hacemos lo mismo que ha condenado a tu mujer.

-Pierde cuidado -la tranquilizó Julián- las leyes son distintas para los hombres.

 

Formica, Mercedes (1991). A instancia de parte. Ediciones Castalia: Madrid, pp. 214-216


PREGUNTAS

  1. Tras leer el texto, enumera las “pruebas” que incriminan a Aurelia.
  2. ¿Qué supone en esa época para una mujer ser adúltera? Deduce las consecuencias a raíz de lo leído y redacta un breve texto de entre 3-5 líneas.
  3. ¿Cómo son tratados los hombres adúlteros? Justifica tu respuesta y señala partes del texto que la respalden.