Plinio el Viejo en su lista de grandes pintoras helenísticas menciona a Iaia de Cícico y a otras cinco pintoras griegas: Timarete, autora de la Artemisia de Éfeso; Irene, creadora de un cuadro para el santuario de Deméter en Eleusis; Calipso, que representó a un viejo, un prestidigitador y un bailarín; Aristarete de Sición, que pintó una imagen de Asclepio, y Olimpias, que enseñó pintura y dibujo.
Además de estas, se conoce a Anaxandra de Sición, pintora de escenas mitológicas y de género, y a Helena la Egipcia, artífice de una batalla de Ipsos, que estuvo colgada en el Templo de la paz.
Se conservan dos murales procedentes de Pompeya, de la Casa del Cirujano y de la Casa de la Emperatriz de Rusia, que representan a mujeres pintoras y evidencian la presencia femenina en esta expresión artística.
Iaia de Cícico fue autora de uno de los primeros autorretratos, pero muchas otras mujeres, a lo largo de la historia, han querido representarse en sus obras:
Guda de Weissfauen (s. XII), monja e iluminadora de manuscritos alemana, creó un autorretrato en una letra inicial del homiliario de San Bartolomé y Claricia (s. XIV), en su transcripción del Salterio de Habsburgo, se pintó con un vestido verde y mejillas rosadas mientras se columpiaba de una “Q”.
En el s. XVI, la pintora flamenca Catharina van Hemessen realizó su Autorretrato ante el caballete, uno de los primeros en mostrar a un artista, hombre o mujer, en el acto de pintar. También, la italiana Sofonisba Anguissola estableció nuevas reglas en el ámbito del retrato femenino y en sus numerosos autorretratos se pintó como se veía y como quería ser mirada.
En el s. XVII, la pintora flamenca Clara Peeters incluyó sus autorretratos dentro de sus bodegones aprovechando las superficies especulares y brillantes de los objetos que representaba y la italiana Artemisia Gentileschi trató de romper el clásico frontalismo girando su cabeza hacia un lado.
En el s. XVIII, Angélica Kauffman se mostraba vestida a la moda griega, declarando su interés por el mundo clásico.
En el s. XIX, la impresionista francesa Berthe Morrisot mostró en su único autorretrato un gran dominio del color y la luz, y la música, escritora, pintora y escultora francesa, de origen ucraniano, María Bashkirtseff se pintó en Autorretrato con paleta con su vestido de trabajo y su arpa de fondo.
En el s. XX, la francesa Suzanne Valadon realizó autorretratos muy significativos como La habitación azul, donde a los 58 años se representa como una mujer moderna, pero en una pose tradicional de los desnudos femeninos; la polaca Tamara de Lempicka en su obra Tamara en un Bugatti verde se mostraba como una mujer con poder, movilidad e independencia; la mexicana Frida Kahlo reflejó en sus abundantes autorretratos sus propios dramas internos y la estadounidense Alice Neel, a sus 80 años, subrayó su identidad de artista al representarse desnuda, con las herramientas propias de su profesión y con su mirada fija en la nuestra, sugiriendo aceptación, seguridad y confianza en sí misma.